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sábado, 14 de agosto de 2010

El manuscrito encontrado en Zaragoza (1965)


Dentro de la producción literaria fantástica, las supercherías y las viejas tradiciones culturales del siglo XVIII y XIX en Castilla, cabe encuadrar esta peculiar cinta de tintes épicos que mezcla con maestría la magia romántica de Bécquer y el sensual y cíclico ideal de "Las mil y una noches"; una obra que cabalga continuamente entre la realidad y la ficción, entre el humor y el horror.

Si me refiero a la peculiaridad del film no es tanto por el desarrollo de la historia o por su técnica para contarla, que es sobresaliente, sino a que este documento histórico fue producido e interpretado por un equipo de cineastas polacos capitaneados por Wojciech Has, director de la inquietante “The Hour-Glass Sanatorium” (1973).

Este particular director polaco completa sus estudios de bellas artes en Cracovia después de dedicarse durante años a la enseñanza. Tras varios films, unos educativos, otros para el gobierno polaco, dirige en 1957 su primer largo: "Petla". Después Has decide tomar un camino creativo distinto al de la nueva ola polaca, creando a su alrededor un mundo lírico-surrealista desarrollado en todo su esplendor en la película que nos ocupa.

"He visto la película de Has al menos tres veces lo que, en mi caso, es algo excepcional.” _Luis Buñuel_

“El manuscrito encontrado en Zaragoza”, perdida hasta que Scorsese y Coppola la reeditan hace no demasiado, supone un mágico ejercicio narrativo construido según la técnica del relato enmarcado, con historias dentro de historias que se ramifican y se entremezclan desarrollándose de boca en boca y de secuencia en secuencia, hasta cerrar un círculo a modo de, como ya hemos dicho, "Las mil y una noches" o "Los cuentos de Canterbury". Cabe señalar que la película está basada en la obra "Manuscrit trouvé à Saragosse" del noble, historiador, científico y escritor polaco Jan Potocki, que se suicidó en 1815 con una bala de plata que él mismo había fundido de la tapa de un azucarero... ahí es nada.

"Las cosas del pasado, cuestiones dejadas atrás hace tiempo, se superponen a la realidad actual. El subconsciente invade la realidad. Los sueños así permiten una revelación, nos muestran el futuro" _Wojciech Has_

La película nos sitúa a principios del siglo XVIII en plena guerra napoleónica.
A través de un viejo tomo encontrado en Zaragoza por un militar, nos adentramos en un sinfín de historias mágicas pobladas de exóticas damas moriscas, brujas, cabalistas, truhanes y demás personajes grotescos que van creando un crisol fantástico en torno al personaje del capitán Alphonse Van Worden, que de camino a Madrid se verá sumergido en un mundo totalmente ajeno a él y que pondrá a prueba su temple y su cordura. De esta manera, a través de sus ojos y de las anécdotas de los personajes con los que se ira topando, se sucederán historias fabulosas acontecidas en lugares tan míticos de la geografía castellana como la Venta quemada, la Posada de los alcornoques o las orillas del Guadalquivir en Sierra Morena.

Wojciech Has recrea ese ambiente onírico propio de toda narración de leyenda gracias a un guión enrevesado y danzarín y a una cuidadosa puesta en escena, amén de unos decorados y de un vestuario dignos de cualquier superproducción. Todo ello, unido al particular tono humorístico-fantástico de sus diálogos y a una elegante y bien contrastada fotografía en blanco y negro de Mieczyslaw Jahoda, convierten esta pieza de tres horas en una joya del cine como lo es el "El Decamerón" en literatura. Un pedacito de historia que nos brinda otro gran genio de la cinematografía polaca.

“El espacio es el dominio de la pintura; el tiempo es el dominio de la literatura y el cine. Jugar con el tiempo activa la imaginación de los espectadores." _W. Has_

_Darius Somerset_

martes, 29 de junio de 2010

CINEPATÍAS

Cine y psicología siempre han estado estrechamente ligados. La cámara de cine, copia casi exacta de los mecanismos visuales y auditivos humanos, es capaz de reflejar, a través de la imagen y del sonido, ese mundo oculto y egoísta que es el cerebro. No es solo en el cine donde realidad y ficción se entremezclan hasta crear una verdad irreal, también los mortales padecemos esa dualidad entre lo que es y lo que creemos que es. Las neurosis en menor escala, y las psicosis y esquizofrenias, son capaces de tergiversar el estado natural de las cosas creando quimeras y falsas expectativas.


El mundo circundante refleja lo que cada uno ve. Creemos discernir a la perfección entre realidad y ficción, sin darnos cuenta, en la mayoría de los casos, de que somos nosotros mismos los que conformamos nuestro mundo, nuestras actitudes y nuestros modus operandi en función de nuestra herencia cultural y biológica. Evidentemente, las enfermedades y lesiones cerebrales en ocasiones nos alejan de un modo irreversible de la llamada normalidad o cordura social; ahí nace la locura. Sin embargo tal y como afirma el psicólogo Andrew Crowcroft “La locura, a fin de cuentas, no es totalmente ajena a la vida normal; por el contrario, cada uno de nosotros, en su primera infancia, tiene fantasías tan «fuera de este mundo» como las quimeras de cualquier psicótico; y todos volvemos a encontrar, de vez en cuando, ese mundo ilógico, a través de los sueños”.


En el cine, las psicopatías han servido para representar las imágenes más estrambóticas y surrealistas y para explorar, hasta donde es posible, el mundo de los sueños. Ya en 1920, Robert Wiene filmaba la expresionista “Gabinete del Dr. Caligari” utilizando como hilo narrativo el mundo de los sonámbulos y creando el primer narrador psicótico de la historia del cine (Francis, el personaje principal, cuenta la historia desde un manicomio). Transponer los estados alterados de la mente humana al celuloide es posible gracias, entre otras cosas, a las propiedades de la óptica y a la mutabilidad y sobreimpresión del sonido. Muchos directores han sabido recrear ese estado de agitación propio del enfermo mental, utilizando las herramientas más artesanales del oficio. Como decíamos, la elección de una óptica y un mundo sonoro concretos unidos al punto de vista de la narración, ayudan a enfatizar la “locura” del personaje (en la mayoría de los guiones sobre traumas o psicópatas, el personaje principal está presente en todas las secuencias, la cámara nunca abandona al personaje y a través de él va desarrollando el trastorno, véase “Sutther Island” de Martin Scorsese o “El quimérico inquilino” de Roman Polanski). Resaltar de nuevo la utilización de determinadas técnicas cinematográficas para deformar el entorno y acercar la narración a esos estados febriles y desbocados de la enajenación mental (Roman Polanski estrecha y alarga el espacio a su antojo en “Repulsión” y en “El quimérico inquilino” utilizando focales cortas y ojos de pez, y Samuel Fuller estira el pasillo de “Corredor sin retorno” con la ayuda del decorado, la luz y el encuadre).

“Por la mirada del otro tengo miedo a ser descubierto”
J. P. Sartre

Los científicos identifican cuatro tipos de ilusiones ópticas a las que todos estamos expuestos: las ambigüedades, que provocan que una cosa pueda ser interpretada de dos formas distintas (en “El quimérico inquilino“, Trelkovski se obsesiona con banalidades tales como un paquete de tabaco); las paradojas, imágenes que contradicen las leyes naturales (el agente Teddy Daniels de “Sutther Island” y la esteticién de “Repulsión“ modelan el espacio que les rodea víctimas de su paranoia); las distorsiones, que pueden ser visuales o sonoras (en “Repulsión” la casa cruje y se desgarra como si estuviera a punto de venirse abajo); y por último las ficciones, cuando la imaginación nos hace ver más de lo que hay (conspiración y traición son elementos recurrentes para los personajes de las películas citadas).


Otros films ponen de manifiesto la borrosa línea que separa a los locos de los cuerdos si ambos comparten habitáculo; si los locos fueran mayoría serían los cuerdos los que ocuparan los psiquiátricos. Las magistrales “Alguien voló sobre el nido del cuco” de Milos Forman y “Corredor sin retorno” de Samuel Fuller, narran el descenso de un personaje al mundo del autismo, víctimas de las terapias de choque utilizadas en los sanatorios hasta los años noventa (electroshock, lobotomía, etc.), poniendo de manifiesto la idea de que en este mundo es sencillo entrar en un manicomio pero muy difícil salir de él. En “Alguien voló sobre el nido del cuco“, Randle McMurphy ingresa en un hospital psiquiátrico para evitar los trabajos forzados, mientras que en “Shutter Island” y “Corredor sin retorno“ los protagonistas ponen en peligro su cordura movidos por la resolución de un crimen. Al final, lo dicho: “Dios enloquece a quien lo quiere destruir.”

En definitiva, el cine, casi como una prolongación del ojo y del cerebro, es capaz de arrastrarnos a esas regiones abstractas donde es más fácil saborear la magia de lo irreal y dotarlo de veracidad.
_Darius Somerset_

Peliculas citadas:
_El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene (1920)
_Repulsión de Roman Polanski (1965)
_Corredor sin retorno de Samuel Fuller (1963)
_Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman (1975)
_El quimérico inquilino de Roman Polanski (1976)
_Shutter Island de Martin Scorsese (2010)