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jueves, 1 de julio de 2010

A Single Man (Un hombre soltero) (2009) - Cine con Orgullo

Esti zumake. Valoración: 6/10

Esta semana se celebra la fiesta del "Orgullo Gay". Miles de personas de ambos sexos ondean orgullosos la bandera multicolor en homenaje a la diferencia. Pero no debemos olvidar que este fenómeno es relativamente nuevo. Hasta hace bien poco esta multitud estaba condenada al mutismo o a la persecución. Fueron necesarios libros como "A single man" (1964) de Christopher Isherwood, considerado un icono en la literatura homosexual y que refleja perfectamente esta marginación, para que individuos aislados tomaran conciencia como colectivo y empezaran a cambiar las cosas.

Más de cuarenta años después de la publicación de este libro, Tom Ford, homosexual reconocido y con pareja desde hace veinte años, toma el relevo en esta historia para realizar su Opera Prima. Este polifacético personaje está considerado uno de los más influyentes diseñadores de moda de los últimos tiempos. Conocido como el Salvador de Gucci era el máximo responsable de la empresa en diferentes departamentos, entre ellos la imagen de la compañía y las campañas publicitarias, por lo que se puede decir que no es nuevo en esto de la imagen.

La historia transcurre en la Norteamérica del 62 donde el miedo gobierna una sociedad dispuesta a aniquilar cualquier ideal que se desvíe de su dichoso estilo de vida americano. Las familias se preparan ante una posible guerra nuclear, compran bunkers para convertirse en el pueblo elegido en caso de que se produzca el holocausto y transmiten de padres a hijos sus odios y sus miedos. George Falconer, un profesor universitario de mediana edad, sobrelleva su soledad realizando cada día un ejercicio de contención que cada vez se le hace más cuesta arriba. Ya de por si el título "A single man" (Un hombre soltero) es un eufemismo que enmascara una realidad dramática muy diferente. Llamarlo soltero a este hombre es negarle parte de su existencia, es obviar los motivos que le hicieron feliz y que ahora le llevan a querer acabar con todo y volarse la tapa de los sesos al final de la jornada. Tras la pérdida en un accidente de su compañero después de diecisiete años su propia muerte parece el único consuelo.

La interpretación de Colin Firth es correcta. Está sobrio y contenido como exige su personaje, alejándose de los estereotipos que suelen caracterizar esta clase de papeles pero lo suficientemente emotivo como para que logre sobrecoger a cualquier espectador independientemente de su orientación sexual. Teniendo en cuenta que sobre él recae todo el peso de la película es lógico que haya sido nominado en varios festivales como los Oscar o los Globo de Oro y ganador en Venecia y BAFTA, pero, desde mi humilde punto de vista, su actuación tal vez resulte un poco lineal, no tanto por su variedad de registros (le hemos visto en papeles muy diferentes como la comedia “Una familia con clase” o el musical “¡Mamma Mia!”) como por lo regular del guión. Para mi los mejores diez minutos son aquellos en los que interviene Julianne Moore. Interpreta a Charlotte, una mujer divorciada a la que le encanta la ginebra y auto compadecerse y que sirve de refugio al protagonista en sus peores momentos. En los planos que comparten Firth y Moore principalmente es ella el foco de atención. Lo mejor de la peli es el baile suelto de estos dos actores. Quiero destacar y dar mi enhorabuena a Jon Kortajarena, socio de este videoclub, por su pequeña interpretación en esta película (espero que sea un primer paso de una próspera carrera).

En cuanto a la dirección se puede decir que Tom Ford ha aprobado de una manera notable para ser su primera película. En su labor artística se nota su pasado en la moda utilizando las técnicas de los publicistas en su forma de rodar: multitud de planos detalle, cámara lenta, decorados de lujo...incluso el director se permite alguna licencia experimental jugando con el brillo y la intensidad del color en momentos precisos (se agradece su intención pero no resulta natural, demasiado fugaz para no parecer un artificio extraño). La estética de la película está cuidada milimétricamente, estudiado cada detalle en cada uno de sus planos. En cuanto a la parte negativa desde mi punto de vista hay secuencias un tanto reiterativas (por ejemplo las imágenes del protagonista hundiéndose en el agua), flashbacks que sobran y diálogos un tanto forzados (la conversación con el chapero aconsejándole que se deje amar resulta poco creíble). Tras el resultado y las buenas críticas de esta primera experiencia seguramente Tom Ford vuelva a dirigir algún film más, o quién sabe, tal vez lo próximo sea escribir un libro, plantar un árbol, montar el globo o vete tú a saber.

Destacables la fotografía del catalán Eduard Grau y la música de Abel Korzeniowski.

Para los amantes de la de belleza y la estética elegante esta cinta resultará un plato exquisito.

martes, 29 de junio de 2010

CINEPATÍAS

Cine y psicología siempre han estado estrechamente ligados. La cámara de cine, copia casi exacta de los mecanismos visuales y auditivos humanos, es capaz de reflejar, a través de la imagen y del sonido, ese mundo oculto y egoísta que es el cerebro. No es solo en el cine donde realidad y ficción se entremezclan hasta crear una verdad irreal, también los mortales padecemos esa dualidad entre lo que es y lo que creemos que es. Las neurosis en menor escala, y las psicosis y esquizofrenias, son capaces de tergiversar el estado natural de las cosas creando quimeras y falsas expectativas.


El mundo circundante refleja lo que cada uno ve. Creemos discernir a la perfección entre realidad y ficción, sin darnos cuenta, en la mayoría de los casos, de que somos nosotros mismos los que conformamos nuestro mundo, nuestras actitudes y nuestros modus operandi en función de nuestra herencia cultural y biológica. Evidentemente, las enfermedades y lesiones cerebrales en ocasiones nos alejan de un modo irreversible de la llamada normalidad o cordura social; ahí nace la locura. Sin embargo tal y como afirma el psicólogo Andrew Crowcroft “La locura, a fin de cuentas, no es totalmente ajena a la vida normal; por el contrario, cada uno de nosotros, en su primera infancia, tiene fantasías tan «fuera de este mundo» como las quimeras de cualquier psicótico; y todos volvemos a encontrar, de vez en cuando, ese mundo ilógico, a través de los sueños”.


En el cine, las psicopatías han servido para representar las imágenes más estrambóticas y surrealistas y para explorar, hasta donde es posible, el mundo de los sueños. Ya en 1920, Robert Wiene filmaba la expresionista “Gabinete del Dr. Caligari” utilizando como hilo narrativo el mundo de los sonámbulos y creando el primer narrador psicótico de la historia del cine (Francis, el personaje principal, cuenta la historia desde un manicomio). Transponer los estados alterados de la mente humana al celuloide es posible gracias, entre otras cosas, a las propiedades de la óptica y a la mutabilidad y sobreimpresión del sonido. Muchos directores han sabido recrear ese estado de agitación propio del enfermo mental, utilizando las herramientas más artesanales del oficio. Como decíamos, la elección de una óptica y un mundo sonoro concretos unidos al punto de vista de la narración, ayudan a enfatizar la “locura” del personaje (en la mayoría de los guiones sobre traumas o psicópatas, el personaje principal está presente en todas las secuencias, la cámara nunca abandona al personaje y a través de él va desarrollando el trastorno, véase “Sutther Island” de Martin Scorsese o “El quimérico inquilino” de Roman Polanski). Resaltar de nuevo la utilización de determinadas técnicas cinematográficas para deformar el entorno y acercar la narración a esos estados febriles y desbocados de la enajenación mental (Roman Polanski estrecha y alarga el espacio a su antojo en “Repulsión” y en “El quimérico inquilino” utilizando focales cortas y ojos de pez, y Samuel Fuller estira el pasillo de “Corredor sin retorno” con la ayuda del decorado, la luz y el encuadre).

“Por la mirada del otro tengo miedo a ser descubierto”
J. P. Sartre

Los científicos identifican cuatro tipos de ilusiones ópticas a las que todos estamos expuestos: las ambigüedades, que provocan que una cosa pueda ser interpretada de dos formas distintas (en “El quimérico inquilino“, Trelkovski se obsesiona con banalidades tales como un paquete de tabaco); las paradojas, imágenes que contradicen las leyes naturales (el agente Teddy Daniels de “Sutther Island” y la esteticién de “Repulsión“ modelan el espacio que les rodea víctimas de su paranoia); las distorsiones, que pueden ser visuales o sonoras (en “Repulsión” la casa cruje y se desgarra como si estuviera a punto de venirse abajo); y por último las ficciones, cuando la imaginación nos hace ver más de lo que hay (conspiración y traición son elementos recurrentes para los personajes de las películas citadas).


Otros films ponen de manifiesto la borrosa línea que separa a los locos de los cuerdos si ambos comparten habitáculo; si los locos fueran mayoría serían los cuerdos los que ocuparan los psiquiátricos. Las magistrales “Alguien voló sobre el nido del cuco” de Milos Forman y “Corredor sin retorno” de Samuel Fuller, narran el descenso de un personaje al mundo del autismo, víctimas de las terapias de choque utilizadas en los sanatorios hasta los años noventa (electroshock, lobotomía, etc.), poniendo de manifiesto la idea de que en este mundo es sencillo entrar en un manicomio pero muy difícil salir de él. En “Alguien voló sobre el nido del cuco“, Randle McMurphy ingresa en un hospital psiquiátrico para evitar los trabajos forzados, mientras que en “Shutter Island” y “Corredor sin retorno“ los protagonistas ponen en peligro su cordura movidos por la resolución de un crimen. Al final, lo dicho: “Dios enloquece a quien lo quiere destruir.”

En definitiva, el cine, casi como una prolongación del ojo y del cerebro, es capaz de arrastrarnos a esas regiones abstractas donde es más fácil saborear la magia de lo irreal y dotarlo de veracidad.
_Darius Somerset_

Peliculas citadas:
_El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene (1920)
_Repulsión de Roman Polanski (1965)
_Corredor sin retorno de Samuel Fuller (1963)
_Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman (1975)
_El quimérico inquilino de Roman Polanski (1976)
_Shutter Island de Martin Scorsese (2010)

domingo, 20 de junio de 2010

JOAQUÍN JORDÁ Y MÁS ALLÁ DEL ESPEJO (2006)


Joaquín Jordá fue provocador, socarrón y extremadamente culto. Nació en Santa Coloma de Farners (Barcelona) en 1935. Estudió derecho en Madrid pero pronto se interesó por el cine y en 1952 viajó a París donde entró en contacto con la Cinematheque y con sus máximos exponentes (Rivette, Rohmer, Truffaut y Chabrol).

En 1958 ingresa en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, colabora en revistas como “Acento Cultural” o “Nuestro Cine” y se forja en el medio trabajando como script, ayudante de producción e incluso actor para directores como Carlos Durán y Pere Portabella. También conoce al teórico Jacinto Esteva, creador de la escuela de cine de Barcelona de la cual también eran miembros Gonzalo Suárez y Vicente Aranda.

Tras dirigir el cortometraje "El día de los muertos", censurado por el franquismo y codirigir junto a Julián Marcos el largometraje "Dante no es únicamente severo", se traslada a Italia para paliar una crisis económica y huir de la censura. Allí comienza a acercarse al documental y a mirar donde nadie quiere mirar, rodando algunos filmes de carácter combativo y militante como "Lenin Vivo" o "I tupamaros ci parlamo". De regreso a España, Jordá se dedica a la traducción literaria (Cuadernos de cine Anagrama) y a colaborar como guionista de Vicente Aranda en Films como “Cambio de sexo” o “El Lute”.

“Si no podemos hacer Victor Hugo, haremos Mallarmé.” J.J.

A partir de 1980, Joaquín Jordá se dedica plenamente al documental, dotando al género de una libertad y una mirada límpida como pocos lo habían conseguido hasta el momento en este país, salvo tal vez, Basilio Martín Patino. Entre sus obras destacan "Numax presenta" (sobre la huelga de los obreros de la fábrica Numax), "El encargo del cazador" (sobre los últimos días de Jacinto Esteva) y el film de ficción "Cuerpo en el bosque" (1996) con Rossy de Palma.

En 1998 Jordá sufre un infarto cerebral que le produce una considerable disminución de la percepción visual y por consiguiente un nivel de agnosia importante.

Agnosia: es la interrupción en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos o de aprender nuevos estímulos sin haber deficiencia en la alteración de la percepción, lenguaje o intelecto.

En 1999 filma en blanco y negro (puesto que había perdido la sensibilidad a los colores) el celebrado documental sobre la lobotomía "Monos como Becky" junto a Nuria Villazán.

No sería hasta 2004 cuando Jordá regrese al documental con "De niños" (sobre el barrio del Raval), "Veinte años no es nada" (donde retoma las huelgas de los trabajadores de Numax) y su última pieza, una suerte de aproximación a las agnosias y un canto a la fuerza de voluntad y a la inmensa capacidad de adaptación del ser humano ante las adversidades llamada "Más allá del espejo", un documental sincero, donde Jordá nos presenta a una serie de personas que padecen alguna disfunción perceptiva, tales como Agnosias y Alexias (perdida de la capacidad de leer), y nos plantea sin reparos la extrema fragilidad de la mente humana y las dificultades para sobrevivir en un mundo que no entiende como es debido este tipo de lesiones. "Más allá del espejo" supone el cierre a una de las obras mas sinceras, originales y corrosivas del cine de este país, así como un legado único para las generaciones venideras.

“La idea de morir no me asusta, solo me cabrea.” J.J.

Joaquín Jordá muere en 2006 a los 70 años de edad. A su funeral asisten sus amigos, intelectuales, sindicalistas y alumnos, pero ningún político, pues este irreverente, libre e insobornable hombre de cine, ha estado siempre al otro lado del tedio y la mezquindad, demostrando en cada una de sus obras y facetas de la vida, que la mirada al mundo circundante ha de ser limpia, libre de toda atadura y que los prejuicios conducen irremediablemente a un túnel sin salida.

“La historia del cine es la lucha del autor contra la industria.” J.J.


Recomendamos la biografía de Laia Manresa. Joaquín Jordà. La mirada lliure. Barcelona, Editorial Pòrtic, 2006.

sábado, 19 de junio de 2010

Precious (2009)

Esti Zumake. Valoración 6/10

Película de un dramatismo demoledor. Una pequeña píldora que contiene toda la perversidad de la que el ser humano es capaz y que debemos tragar aunque nos cueste, porque a pesar de su dureza, nos cuenta una historia verdadera.

Basada en la novela "Push", de Shappire, narra la historia de Clareece 'Precious' Jones (Gabourey Sidibe), una adolescente negra y de enormes dimensiones a la que los continuos desprecios de su madre (Mo’Nique) le han convertido en una joven retraída y analfabeta que se aisla en la última fila para pasar desapercibida a pesar de su enormidad. Su inadaptación en la escuela y un nuevo embarazo le abren una puerta nueva, el ingreso en una escuela alternativa donde su nueva profesora intenta ayudarle a salir de su refugio al fondo de la clase y encontrar su lugar en el mundo.

Este film independiente cuenta con los ingredientes suficientes para que la crítica se fije en él y se distancie de los telefilmes de sobremesa que suelen abarcar este tipo de dramas. Aunque la película es un cóctel de situaciones aberrantes que llegan incluso al corazón del espectador más indolente (obesidad morbida, maltrato físico y psicológico, embarazos no deseados producto del una relación incestuosa...y un sinfín de tragedias más que dejan el corazón arrugado como una pasa), el director Lee Daniels intenta que el espectador empatice con Precious en todo momento utilizando una voz en off para narrar sus sentimientos y acercarnos más a ella, sin quedarse en el simple hecho de mostrar una historia desagradable. Dirigida con una gran sensibilidad intenta aportar algo de belleza a una historia horrible y consigue suavizar la crudeza trágica zambulléndose en la fantasía de la protagonista, que justo en los momentos más desagradables, se pierde en sueños donde se ve a si misma como una estrella glamurosa. De esta forma el director ahorra al espectador las secuencias más morbosas.

A pesar de ser una producción de bajo presupuesto hay que destacar la expectativa y publicidad que aportan dos apariciones estelares: Mariah Carey en el papel de asistenta social y Lenny Kravitz en el papel de enfermero. Ambos tienen un papel amable y bondadoso en la película, representado la parte más dulce, y es que no es la primera vez que estrellas de la música participan en films cargados de buenas intenciones.

Pero lo más destacable sin duda alguna son las mágníficas actuaciones de las dos protagonistas. Gabourey Sidibe interpreta su papel con total naturalidad. Parece como si se encarnase a ella misma, y aunque pueda parecer lineal y poco expresiva su representación, en las secuencias oníricas muestra una gran capacidad para adoptar registros completamente diferentes, mostrándose realmente sensual y cautivadora. Siendo esta su primera película ha conseguido entre otras la nominación al Oscar y el galadón de Mejor actriz en el Festival Independent Spirit Awards del 2009.

Pero sin duda alguna la palma se la lleva Mo’Nique en el papel de madre. El reconocimiento a su trabajo ha sido rotundo. Por este papel ha recibido multitud de premios y nominaciones, entre ellos el Oscar a Mejor Actriz de reparto. Y no es de extrañar porque sobre ella recae el mayor peso de la película. Su crueldad aumenta en cada aparición logrando que la tragedia se infle lentamente hasta estallar finalmente en su secuencia final.

Una realidad incómoda que supera cualquier pesadilla que podamos imaginar pero que, pese a todo, propone un mensaje esperanzador. Gracias al esfuerzo y a la superación personal, a la confianza en los demás y en nosotros mismos, las circustancias se pueden superar y la salvación es posible.

lunes, 14 de junio de 2010

Le Plaisir (1952)





Cuando se degusta una película de Max Ophuls uno tiene la sensación de asistir a un espectáculo de elegancia cinematográfica sin precedentes, casi apabullante, de vivir en primera persona un drama en movimiento que crece y crece hasta volverse real. Ophuls filma la vida en movimiento, o mejor aún, filma el movimiento de la vida con un naturalismo y una agilidad como pocos lo han conseguido. La puesta en escena, planificada como un baile de salón, y el control exhaustivo de los elementos espaciales, hacen del cine de este director alemán una verdadera delicia para los sentidos. La cámara de Ophuls camina por la escena como un personaje más, progresa en la trama paso a paso, giro a giro, y representa el espacio con una nitidez minuciosa, describiendo sinuosos movimientos por los decorados de cada película (véase el soberbio plano secuencia que sigue a madame Terrier por toda la mansión en Le plaisir).

En las películas de Ophuls se puede apreciar claramente una serie de rasgos temáticos y formales que impregnan toda su filmografía. Destacan en sus obras lúcidas reflexiones sobre el misterio del amor y sus consecuencias, dramas salpicados de sutiles ironías y sobre todo, un naturalismo poético heredado de las grandes corrientes literarias de finales del siglo XIX, que le han llevado a explorar el universo femenino como pocos. Para ilustrar este mundo tan personal, Ophuls recurre a un estilo barroco y preciosista, pero siempre cercano y accesible para el receptor.

No es de extrañar que en 1952, Ophuls llevara a la pantalla a ese gran naturalista y maestro del relato breve francés decimonónico que es Guy de Maupassant. Los puntos en común entre estos dos artistas son evidentes: Maupassant describe el entorno y los personajes con una cercanía innata, con una familiaridad cotidiana, y narra la gran tragedia de la vida describiendo los hechos desde el todo a lo concreto, alzándose sobre la historia con una superioridad casi inmoral, para mostrar una sociedad perdida en su propio desconcierto. Lo mismo ocurre con Ophuls, que narra el conflicto humano desde dentro, desde la vida, sin más artificios que su propia voluntad de ser coherente con la realidad sensitiva.

Maupassant, discípulo de Flaubert, no ha sido adaptado en tantas ocasiones como Shakespeare, Dostoievski, Dickens o Poe; sin embargo, en las escasas transmutaciones de sus obras a la gran pantalla, su esencia ha sido respetada y filtrada con pasión por directores como Visconti, Godard, Wise o Renoir.

En Le plaisir Ophuls adapta tres relatos cortos de Maupassant utilizando el placer como nexo de unión para reflexionar sobre la juventud (La máscara), la pureza (La casa Tellier) y la muerte (La modelo). Una voz en off narra los relatos de Maupassant consiguiendo una perfecta fusión entre literatura y cine, hasta lograr una pieza de enorme poder evocador. En La casa Tellier, por ejemplo, la voz de Maupassant relata: “Esta resplandeciente carreta de mujeres que huía bajo el sol…”. Cuando vemos la imagen de una carreta de mujeres alejándose por la campiña Normanda, Ophuls crea una de las transposiciones más sencillas y bellas de la historia del cine.

Maupassant y Ophuls se reúnen en esta excelente película con la intención de relatar cómo la bondad, el deseo, la arrogancia, el amor y el desamor forman parte por igual del ser humano. Con la intención de crear una pieza capaz de emocionarnos gracias a una familia de prostitutas de buen corazón, o por otro lado, de inquietarnos con la historia de un anciano que cubre su rostro con una máscara de cera para pasar por un joven de aspecto lozano. Y es que a fin de cuentas eso es el naturalismo, contar lo que sucede alrededor y dotarlo de veracidad, crear la épica, demostrar que los seres humanos somos fascinantes y que la realidad supera siempre la ficción.

Enhorabuena a quien sea, por rescatar esta pieza perdida durante mucho tiempo, mordaz como una melodía de Satie y dulce como el beso de una amante.


_Darius Somerset_


domingo, 6 de junio de 2010

Teniente corrupto (2009)

Esti Zumake. Valoración 6/10

Todos sabemos que durante los últimos años Hollywood atraviesa un periodo de escasez en lo que a guiones originales se refiere. La reciente invasión de remakes, secuelas, precuelas, nuevos montajes, mezclas imposibles (las dos versiones de Alien vs. Predator fue rizar el rizo), adaptaciones de best-sellers, comics, mangas e incluso videojuegos demuestra el interés que tienen las grandes productoras en captar al público más joven y la falta de escrúpulos en un momento en el que todo vale con tal de hacer taquilla. Ante semejante panorama parece lógico que un productor de Hollywood como Ed Pressman, que disponía de los derechos de explotación de “Teniente corrupto” y un presupuesto de cien millones de dólares, aprovechase la oportunidad y no dudase en rentabilizarlo. La película homónima de Abel Ferrara estrenada en 1992 contaba con un presupuesto ridículo en comparación con ésta. Pese a ello supuso la obra cumbre y el reconocimiento mundial de un director tan acostumbrado al éxito como al fracaso más rotundo. La nueva versión de Teniente corrupto como la anterior no está dirigida a la juventud. Es una historia sórdida que se desmarca de las películas de policías que estamos acostumbrados a ver en cartel.

Situando la trama en un escenario diferente (se sustituye Nueva York por Nueva Orleans), bajo las órdenes de un director de renombre (Werner Herzog), con actores que suponen un taquillazo seguro (Nicolas Cage, Eva Mendes, Val Kilmer) y acompañada de una costosísima campaña de publicidad, las intenciones quedan más que claras : abarcar al gran público que mueven las grandes estrellas, tentar a los fans incondicionales de la primera versión e intentar acercar al espectador selecto cuyo criterio se basa más en la calidad artística que en lo ostentoso de la producción. Desde este punto de vista la combinación elegida ofrece un producto completamente novedoso que pretende evitar cualquier tipo de comparación con su original. De hecho, el propio director asegura no haber visto la versión anterior, algo que desde mi punto de vista resulta un tanto sospechoso y supone una forma clara de esquivar los dardos. A pesar de la insistencia en vender un producto nuevo, el simple hecho de adjudicarse este título para el cartel hace que las comparaciones sean inevitables.

En ambos films el protagonista es un policía sin escrúpulos y adicto a todo tipo de drogas que utiliza las tácticas más sucias para realizar su trabajo y agenciarse su dosis de droga diaria. Ferrara, a través de la violación de una monja, envuelve su película en una atmósfera religiosa que provoca una crisis existencial en el protagonista y hace inevitable la búsqueda de la redención. Herzog sustituye la violación por el asesinato de una familia de senegaleses traficantes de droga, un contexto mucho más materialista, y los problemas de fe los reemplaza por dolores de espalda. El director arranca de cuajo toda la crudeza primitiva obteniendo una película mucho más trivial, con un ritmo más ligero gracias a la ramificación de frentes que el protagonista va abriendo en su contra a medida que se complica el argumento y que Herzog se encarga de fusionar de una manera magistral al final de la película.

El director afirma que su intención es hacer una película de cine negro que penetre en las profundidades de la perversidad hasta alcanzar lo que define como "el éxtasis del mal". Hay que reconocer que varias secuencias alcanzan unos niveles tan altos que ponen los pelos de punta, pero entre lo insólito de los diálogos y la musiquilla jocosa que los acompaña, más que una película típica del film noir parece una comedia negra.

Al contrario que Harvey Keitel que interiorizaba su angustia, Cage interpreta su personaje de una forma mucho más histriónica a base de grandes gritos y aspavientos, haciendo evidente su excitación con la pistola ensartada en la bragueta como si fuese un exhibicionista que alardea de su erección. Pese a ello creo que este actor interpreta su papel de una manera brillante. Herzog reconoce su ignorancia en cuanto al tema de las drogas pero los excesos del actor logran cubrir las lagunas que tiene el film en este tema. Si la visión de Ferrara ofrecía todo un repertorio de rituales en torno a la preparación y consumo de todo tipo de sustancias, en esta versión edulcorada, tan solo vemos un par de esnifadas rápidas acompañadas de delirios con reptiles y almas danzarinas que dejan patente la huella transgresora del director.

En definitiva, aunque no alcance el nivel de la original, esta película supera con creces en calidad a la gran mayoría de las producciones hollywoodienses que rellenan la cartelera. Nicolas Cage ha salido fortalecido de esta empresa, y el director Werner Herzog, que en otros tiempos practicó con maestría el arte de caminar sobre hielo y fuego, en esta ocasión acaba con los zapatos un poco sucios pero con la cartera un poco más llena después de realizar, no una obra maestra, pero sí un trabajo digno.

martes, 1 de junio de 2010

El carnaval de las almas (1962)


por Darius Somerset. Valoración 6 / 10


El cine de horror siempre ha supuesto para la industria cinematográfica una fuente extra de ingresos y una manera de llenar las salas con un público más joven y si cabe, más escandaloso. Véase cómo la representación de una matinal en un pequeño pueblo de Florida, se convierte en una batalla campal de palomitas e insectos gigantes en la alocada Matineé de Joe Dante.


Grandes industrias como la Universal vieron refortalecidas sus arcas con versiones de Drácula, el hombre lobo y demás monstruos de leyenda, mientras que otras, de presupuestos más humildes como la American International Pictures, basaron su filosofía en producir ciencia ficción o adaptaciones de Edgar Allan Poe a manos del artesano Roger Corman (que quemó el mismo granero en al menos ocho de sus películas). En definitiva, para todas estas empresas los gastos de producción eran cubiertos sobradamente por la taquilla del fin de semana, sin demasiados alardes. Pero el horror, al igual que supuso un filón de plata para los despachos y las arcas de los estudios, también supuso un laboratorio donde muchos directores pudieron experimentar con las herramientas propias del medio como la luz, el ritmo, el encuadre y la tensión espacial, dotando al género de su merecido reconocimiento. Murnau vió la luz como realizador de manos de lo oculto (Nosferatu, Satanás); también Torneaur, que llevó el genero a su estado mas minimalista e inquietante, tenía como premisa “lo que se intuye por lo que se enseña”. Hoy en día sería impensable que un estudio llevase a cabo una película llamada la mujer pantera, sin enseñar a la pantera.


Tampoco podemos olvidar cómo las películas de la inglesa Hammer eran las únicas capaces de llenar las butacas en un país que tardó tanto tiempo en reconocer al cine como un arte. Directores, fotógrafos y escenógrafos conformaban un gremio especializado en películas de horror con sus Fisher, Carreras, Cushing y Lee. En definitiva, cinematografías de todo el mundo han ahondado en el misterio, el miedo y la ciencia ficción basándose en siglos y siglos de literatura y tradición oral que hablaban de ese lado desconocido al que el ser humano no puede acceder. En Suecia Víctor Sjostrom y en Dinamarca Dreyer, transmitían toda una tradición fantasmagórica de la antigua Europa con películas como La carreta fantasma o Vampyr. En Italia, donde la falta de presupuesto nunca fue problema para hacer cine, Mario Bava o Luigi Bazzoni iban creando el famoso “Giallo” italiano. En España, con una enorme tradición de leyendas Bequerianas, también se cultivó ese fértil terreno por medio de Chicho Ibañez Serrador o Amando de Ossorio y es que, a fin de cuentas, la relación entre el horror y el cine es tan fructífera como una familia numerosa.


“El horror es aquello con lo que aun no nos hemos reconciliado” Ramsey Campbell


Una película de terror es, por lo general, una película económica _y digo esto sin ninguna pretensión_ ya que no requiere la contratación de grandes estrellas, ni la construcción de grandes decorados. Su esencia radica, como ya hemos dicho anteriormente, en otro lugar: en la tensión espacial, en el ritmo de montaje, en la expectativa, en la presentación selectiva de la información, en la música, etc. El miedo es una sensación muy fácil de mantener pero muy difícil de conseguir, sin embargo el cine, al igual que la literatura, tiene a su servicio una capacidad casi poética de crear atmósferas. Como ya argumentaba Poe, la narración surge de la atmósfera. Si bien cuando hablamos de disfunciones mentales, neurosis, paranoias, esquizofrenias y demás psicopatías, es el propio personaje el que proyecta y transforma el espacio, en el relato de horror es el espacio el que transforma y modela al personaje y por ende al espectador. Cuando el hombre penetra en una región ajena, hostil y que no entiende, nace el miedo, es decir la trama, la estructura del horror. Es como la vida misma.


El carnaval de las almas es una película que contiene algunos de los elementos propios del género. Sin embargo, padece los males a los que están sujetas muchas de las producciones de terror, causados más por la falta de presupuesto que por la falta de creatividad de sus autores. La película se ralentiza demasiado en las idas y venidas de su protagonista, que pulula de un lado a otro como un pollo sin cabeza. También se echan en falta algunas secuencias perdidas por errores de producción y un poco de cordura argumental ¿Por qué algunos personajes escuchan a la mujer mientras que para otros no existe? ¿Son acaso figuras prefijadas en su cabeza o bien mediadores entre mundos? En definitiva, en muchas partes del metraje, la película parece empeñada en colgarse la etiqueta de serie B a la fuerza.


En El carnaval de las almas Herk Harvey, director de videos estatales, cuenta el pesadillesco devenir de una organista atea después de sufrir un accidente de coche. El más allá se irá haciendo sitio en la película hasta desvelarnos la terrible verdad que se esconde tras las apariciones de unos personajes mortuorios ataviados con esmoquin negro. Bien visible es la huella que los “goules” de la película de Harvey dejaron en los zombies de Romero o en los autómatas de Lynch.


Hay que resaltar sin embargo, las virtudes de un film rodado con un presupuesto ínfimo (si lo comparamos con otras producciones de 1962 como Baby Jane o El cabo del terror). Destaca la fotografía de Maurice Prather, el inquietante baile de las almas, las tomas casi mudas en donde se pone en entredicho la comunicación humana y la novedosa historia que desarrolla Harvey en torno a un muerto. Estas son particularidades perfectamente legítimas para recomendar, a los amantes del género, esta peculiar cinta de fantasmas válida para cualquiera que haya pensado más de una vez en la muerte.